Por los tiempos que están por venir

Sin ánimo de interferir. No hay artista dentro de mi.

No hay ser creativo que me hable al dibujar, porque lo mío es escribir.

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Nuestro bote

Navegabamos todos los días, a la misma hora, zarpando del mismo puerto, a veces hacía frío y a veces él estaba contento. 

Contando los metros al salir del muelle, por mi piel siempre corría el mismo viento, siempre preguntándome lo mismo:

-¿Cuándo podré dejarme llevar y no pensar?

La única historia y el único silencio, mostrándome los sentimientos, mostrándome lo que parecía correcto.

No podía ser capaz, yo no era quien debía continuar, pero el bote se llenaba y era algo que jamás había visto, no era agua, no era sal, no eran algas.

-Mi amor ¡Te Quiero!

Y entonces, esa cosa viscosa salió de ahí, nos dejó vivir, nos dejó…

Pero nosotros seguiamos haciéndolo, viajábamos con el viento, las velas llenas de sustento, el bote lleno de nuestro sentimiento; me enseñaba el mundo, me enseñaba a conocerlo, lo veía con otros ojos y entonces, yo le enseñaba a verlo con los míos.

De repente mi bote, nuestro bote, comenzó a llenarse de nuevo, a sentirse pesado y al liberarlo…

-Mi amor ¡Te Amo!

Continuamos saliendo todos los días, continuamos y continuaremos, la verdad es que no hay verdad, no había monotonía, no había utopía.

Experimentar, sentir a través de su piel, bailar sin ritmo y se sentía bien, cuidar juntos el bote, cuidarnos en el bote, vernos ser y ser con el otro, juntos y por separado, a su lado y en su centro.

Demostrarlo.

Y entonces, la viscosidad llegó y me aplastó, sólo pude lidiar con ella cuando le demostré, lo cuidé, lo abracé y con eso, a nosotros, a nuestro bote.

Por convivir en Navidad

El tiempo pasa, las Navidades se cuentan, ya no con los dedos de las manos, no las recuerdo todas, pero sé que han sido más de 20 (aún sigo joven).

El problema es que muchos años mentí por convivir, mentí porque me arrastraron a ello, mentí porque si hablaba con la verdad me gritaban con sus pestañas “¡Hereje!” y me sacudían al ritmo de sus cabezas mientras yo cantaba a todo pulmón -La Navidad es mentira de ska-p- esa banda española de todo cchero que se quiere sentir in.

Hay alguien en mi vida que me saca canas verdes, que me provoca las mejores risas, que me ha hecho pensar más y mejor que nadie, que me regaña sin razón, pero me solapa también sin explicación.

Ella, el superhéroe de mi infancia, adolescencia y a pesar de todo… de mi vida, me ha dicho miles de veces que la Navidad fue diferente, que alguna vez significó algo. No quisiera destrozar la imagen que ha creado de eso y me gusta pensar que no existía ningún Grinch tan verde como yo en esos momentos.

El relato comienza así…

“Paseábamos por el centro, veíamos los aparadores, no teníamos mucho dinero, pero a mí me gustaba, podíamos estar ahí horas. Mi mamá se la pasaba todo el día en la cocina preparando la cena para todos, nos gustaba mucho, pero pobrecita, siempre se le hinchaban mucho los pies, no nos dejaba acercarnos y nos decía: “sálganse de aquí”. No dejaba que la ayudaran, sólo mi abuelita. Llegaban mis tías y comíamos todos juntos.

(Me impresiona la expresión que tiene, jamás voy a ver una tristeza y felicidad así).

En Navidad comíamos pavo, ensalada mexicana con betabel, cacahuates, caña, naranja; pero a mí nunca me gustó eso. Sopa o pasta, pan, sidra, había de todo. Poníamos el arbolito, pero una vez mi hermano cortó una rama porque no teníamos dinero para árbol y mi hermana y yo llevábamos a arreglar a la tlapalería los focos que eran grandes.

Comprábamos comida porque a mi otra hermana le daban un vale, siempre me daba un regalo, en Navidad ropa, pero si me portaba mal me decía que me iban a dar un patin del diablo y a mi me hacia sentir muy mal.

Es muy triste porque mi mamá murió en una Navidad a las 12 del día”.

Mi abue.

Ahora a mi me parece extraño, entiendo lo malo de la época, lo triste de los bombardeos en esta época, la decepción que provoca en todos la falta de información y las decisiones que se toman por eso. Pero sí, creo que me comienza a gustar un poco la Navidad…

aunque…

La Navidad es MENTIRAAAAA 😉

Desmembramiento

Destrozar cada palabra en un montón de letras que se sienten forzadas por el tiempo, se sienten pesadas pues dejan el oxido fuera de su forma; no parece buen momento, jamás lo ha parecido, jamás lo será… jamás entenderá.

Siento poco lo que pienso y al combinar sonidos lo que mejor hago es bailarlos en algunos momentos, sembrarlos en el jardín trasero y olvidarme de cuidarlos.

Dame el valor de no dejarlo, de soltarlo aún atado, de dejarme volar y llevarlo. Siempre he sido conjunto de ganas, pizca de curiosidad, cucharada de deseos y 2 tazas de impulsividad; cuando comencé a adoptar la racionalidad todo tomo más sentido pero no me deje llevar.

Perdí en el tiempo, en el momento, en el transcurso de los inviernos. Siempre tuve ganas de ser poeta, de ser autónoma, de ser libre, de pisar todo el terreno, de ser ella y él, de todo menos de lo que ahora soy; qué orgullo que llegué aquí.

Y una vez más… se escapó.

¿Se vale que te de nostalgia sobre ti?

Me di miedo, me di esperanza, me recordé, me acordé de mí. “No me dejes ir otra vez” me susurré. Quédate y acompáñame más. No los dejes a ellos tampoco, pero no te dejes a ti. No de nuevo.

Me trueno los dedos a diario.

Converso y no me lo explico.

No tengo momentos calmados.

Sabiéndome parte del sin sentido.

Gusto y parece olfato.

Me quema y me desentierra.

¡Salgan todos de aquí!

No los quiero rondando en mi cabeza.

Hubo una noche, una en la que me sentí parte de los síndromes.

Parecido a la esquizofrenia, alejado en tacto.

Te invito a quedarte, a mirar, te invito a escapar.

A través de la vitrina, a través siempre del cristal.

Para qué los quiero

Tardes eternas, llenas de esperanza que se desvanece y se convierte en desesperanza, no tengo tiempo de sentarme a pensar, de hacerme sentir mal, el problema es que el sentirse mal ya es parte de lo normal.

De repente recordé que ellos existían y la verdad es que quién sabe dónde están, la pregunta es cada vez más constante y tengo tiempo preguntándome si será real, si alguna vez lo fue y si es efímero porque así tiene que ser.

Aparecen y desaparecen, ser extraño es la constante y me apremia la vida, el momento y todo lo demás cuando ellos aparecen, pero la verdad es que aparecen porque es su entrada en la obra, el acto del que son parte y no sé quien será capaz de permanecer por la eternidad.

Siempre he pensado que la eternidad ya es parte de todos, cuando yo deje de existir de manera física, el pensamiento y de alguna forma todo, trascenderá; así que si los olvido, ellos también serán olvidados como parte de mí y esa amistad jamás existirá, existió o existe.

Me dijeron los mensajeros, de esos que se encuentran en los sueños que no hay época buena, que lo que dicen las películas y el eterno respirar del deseo es pura fantasía, que jamás será realidad y a mi me ha tocado ser parte del olvido y no de ese que sabe a mar.

Como me gustaría tener otra realidad, tal vez más vacía y sin tanto que llorar, sin el sentimiento de bailar, sin las ganas de cantar, sin quererme dejar, tal vez así no me querría cambiar. Te extraño amigo y ahora eres un extraño que fue mi amigo.

Y pienso…

Ahora, para qué los necesito.

La dimensión desconocida

Me entretengo entre líneas, entre las líneas de la carretera y las de la banqueta; nunca, y siempre lo he dicho, ha sido suficiente.

Malditos sean los lemas de vida que nos hacen querer más o en su defecto y afortunados sean, menos.

Por desgracia, nací con una sed de comerme al mundo más grande que la misma sed de beber agua en el Sahara, no mantengo la rutina y a la vez vivo de ella y sin ella no vivo, es un gusto que golpea y unas ganas que molestan… pero existen, que juegan conmigo y me estresan, me desesperan, pero me alimentan. (Ser y y ser así a veces desespera y otras tantas, un poco menos).

Si no tuviera ganas de comerme al mundo así, estaría todo el día y no sólo parte de él, jugando Pokemon Go. Estaría durmiendo y esperando que la titulación me llegara sola, que la preparación me encontrara a mitad del camino y tendría hambre, pero hambre de pizza, hambre de hamburguesa, hambre de pasteles de mi mamá.

Que triste y que turbio encontrarme después de meses (d)escribiéndome así. Sin embargo existo y sigo, sin embargo quiero y a veces ya no puedo pero me arrastro.

¡He vuelto!

No pretendo tener una constancia inalcanzable.
Fue lo que la última vez me destruyo, pero sí pretendo no desaparecer…
De nuevo.