Por convivir en Navidad

El tiempo pasa, las Navidades se cuentan, ya no con los dedos de las manos, no las recuerdo todas, pero sé que han sido más de 20 (aún sigo joven).

El problema es que muchos años mentí por convivir, mentí porque me arrastraron a ello, mentí porque si hablaba con la verdad me gritaban con sus pestañas “¡Hereje!” y me sacudían al ritmo de sus cabezas mientras yo cantaba a todo pulmón -La Navidad es mentira de ska-p- esa banda española de todo cchero que se quiere sentir in.

Hay alguien en mi vida que me saca canas verdes, que me provoca las mejores risas, que me ha hecho pensar más y mejor que nadie, que me regaña sin razón, pero me solapa también sin explicación.

Ella, el superhéroe de mi infancia, adolescencia y a pesar de todo… de mi vida, me ha dicho miles de veces que la Navidad fue diferente, que alguna vez significó algo. No quisiera destrozar la imagen que ha creado de eso y me gusta pensar que no existía ningún Grinch tan verde como yo en esos momentos.

El relato comienza así…

“Paseábamos por el centro, veíamos los aparadores, no teníamos mucho dinero, pero a mí me gustaba, podíamos estar ahí horas. Mi mamá se la pasaba todo el día en la cocina preparando la cena para todos, nos gustaba mucho, pero pobrecita, siempre se le hinchaban mucho los pies, no nos dejaba acercarnos y nos decía: “sálganse de aquí”. No dejaba que la ayudaran, sólo mi abuelita. Llegaban mis tías y comíamos todos juntos.

(Me impresiona la expresión que tiene, jamás voy a ver una tristeza y felicidad así).

En Navidad comíamos pavo, ensalada mexicana con betabel, cacahuates, caña, naranja; pero a mí nunca me gustó eso. Sopa o pasta, pan, sidra, había de todo. Poníamos el arbolito, pero una vez mi hermano cortó una rama porque no teníamos dinero para árbol y mi hermana y yo llevábamos a arreglar a la tlapalería los focos que eran grandes.

Comprábamos comida porque a mi otra hermana le daban un vale, siempre me daba un regalo, en Navidad ropa, pero si me portaba mal me decía que me iban a dar un patin del diablo y a mi me hacia sentir muy mal.

Es muy triste porque mi mamá murió en una Navidad a las 12 del día”.

Mi abue.

Ahora a mi me parece extraño, entiendo lo malo de la época, lo triste de los bombardeos en esta época, la decepción que provoca en todos la falta de información y las decisiones que se toman por eso. Pero sí, creo que me comienza a gustar un poco la Navidad…

aunque…

La Navidad es MENTIRAAAAA 😉

La madrina

Esta vez, en el baúl de mi abue encontré una historia antigua, de esas que te transportan lejos, muy lejos, pero no en distancia, sino en el tiempo. De esas que si las imaginas, parecen películas en blanco y negro, pero mi abue no es de colores blanco y negro, ella es de colores como el arco iris y cuando platica, todos los recuerdos invaden la habitación, invaden mi memoria, pues ha sido una y otra vez que he escuchado sus historias, sin cansarme, ni la una, ni la otra.

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El baúl de la abuela

Los más afortunados hemos tenido la oportunidad de compartir con una abuela. De que nos vea crecer y jugar, de hablarle de sueños y de que nos haga de comer. Pero sé que hemos sido pocos los afortunados que hemos podido compartir más que eso con ellas. Continue reading