El punto final del final

Nadie pensaría que en mí cabría tanta maldad, tanto rencor, tanta emoción contenida por el mero placer de hacer sufrir.

El infinitivo es mi amigo, así no te identifico.

El salto de página lo confundo con los suspiros.

Eres extraño, latente, existente. Por más que te quiero perdonar, por más que te quiero olvidar, por más que intente dejarte atrás, por más defectos que te encuentre, te desprecio, siempre.

Por fin nos decimos adiós. Espero no volverte a encontrar en las comas de mis pensamientos, en los puntos suspensivos de los cuentos, en los altares de extraños y viejos.

Parece que después de todo el sin sentir se unió a mi. Una vez más, adios.

Proceso creativo

Con temblores en los dedos y palmadas de aliento, con síndromes y patologías, siempre un hecho y pocas veces deshecho, las ganas inmensas de un traductor de deseos, de una línea recta de pasos a seguir. Pero no, la vida no ha sido hecha así.

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Claro

Y sí, me arrepiento. Me arrepiento siempre, me recrimino, me ensombrezco, soy arrítmica, soy de papel, de luz y de sonido. 

Me encuentro ausente, me escribo despierta, me relleno, porque llena soy y me vacío. 

Te describo y hablo de mi, te respiro y exhalo sombras, te miro y hablo sin verdades. 

Dejo siempre un pedazo libre, un renglón vacío, un error con propósito, una danza sin movimiento, ritmos sin sonidos.

Me siento y me desequilibro, tengo principio, tengo desarrollo y a veces termino. No siempre lo vale, no siempre camino.

Quiero ser de tinta, de símbolo y sonido. Quiero ser de ti y de mi. Quiero tener y ser. 

Una musa habla y yo escribo, una musa se presenta y tiene formas, colores y a veces tambien es. 

A veces, quiero ser yo la musa en tu ser.

Por los tiempos que están por venir

Sin ánimo de interferir. No hay artista dentro de mi.

No hay ser creativo que me hable al dibujar, porque lo mío es escribir.

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Nuestro bote

Navegabamos todos los días, a la misma hora, zarpando del mismo puerto, a veces hacía frío y a veces él estaba contento. 

Contando los metros al salir del muelle, por mi piel siempre corría el mismo viento, siempre preguntándome lo mismo:

-¿Cuándo podré dejarme llevar y no pensar?

La única historia y el único silencio, mostrándome los sentimientos, mostrándome lo que parecía correcto.

No podía ser capaz, yo no era quien debía continuar, pero el bote se llenaba y era algo que jamás había visto, no era agua, no era sal, no eran algas.

-Mi amor ¡Te Quiero!

Y entonces, esa cosa viscosa salió de ahí, nos dejó vivir, nos dejó…

Pero nosotros seguiamos haciéndolo, viajábamos con el viento, las velas llenas de sustento, el bote lleno de nuestro sentimiento; me enseñaba el mundo, me enseñaba a conocerlo, lo veía con otros ojos y entonces, yo le enseñaba a verlo con los míos.

De repente mi bote, nuestro bote, comenzó a llenarse de nuevo, a sentirse pesado y al liberarlo…

-Mi amor ¡Te Amo!

Continuamos saliendo todos los días, continuamos y continuaremos, la verdad es que no hay verdad, no había monotonía, no había utopía.

Experimentar, sentir a través de su piel, bailar sin ritmo y se sentía bien, cuidar juntos el bote, cuidarnos en el bote, vernos ser y ser con el otro, juntos y por separado, a su lado y en su centro.

Demostrarlo.

Y entonces, la viscosidad llegó y me aplastó, sólo pude lidiar con ella cuando le demostré, lo cuidé, lo abracé y con eso, a nosotros, a nuestro bote.

Desmembramiento

Destrozar cada palabra en un montón de letras que se sienten forzadas por el tiempo, se sienten pesadas pues dejan el oxido fuera de su forma; no parece buen momento, jamás lo ha parecido, jamás lo será… jamás entenderá.

Siento poco lo que pienso y al combinar sonidos lo que mejor hago es bailarlos en algunos momentos, sembrarlos en el jardín trasero y olvidarme de cuidarlos.

Dame el valor de no dejarlo, de soltarlo aún atado, de dejarme volar y llevarlo. Siempre he sido conjunto de ganas, pizca de curiosidad, cucharada de deseos y 2 tazas de impulsividad; cuando comencé a adoptar la racionalidad todo tomo más sentido pero no me deje llevar.

Perdí en el tiempo, en el momento, en el transcurso de los inviernos. Siempre tuve ganas de ser poeta, de ser autónoma, de ser libre, de pisar todo el terreno, de ser ella y él, de todo menos de lo que ahora soy; qué orgullo que llegué aquí.

Y una vez más… se escapó.

¿Se vale que te de nostalgia sobre ti?

Me di miedo, me di esperanza, me recordé, me acordé de mí. “No me dejes ir otra vez” me susurré. Quédate y acompáñame más. No los dejes a ellos tampoco, pero no te dejes a ti. No de nuevo.

Me trueno los dedos a diario.

Converso y no me lo explico.

No tengo momentos calmados.

Sabiéndome parte del sin sentido.

Gusto y parece olfato.

Me quema y me desentierra.

¡Salgan todos de aquí!

No los quiero rondando en mi cabeza.

Hubo una noche, una en la que me sentí parte de los síndromes.

Parecido a la esquizofrenia, alejado en tacto.

Te invito a quedarte, a mirar, te invito a escapar.

A través de la vitrina, a través siempre del cristal.

Para qué los quiero

Tardes eternas, llenas de esperanza que se desvanece y se convierte en desesperanza, no tengo tiempo de sentarme a pensar, de hacerme sentir mal, el problema es que el sentirse mal ya es parte de lo normal.

De repente recordé que ellos existían y la verdad es que quién sabe dónde están, la pregunta es cada vez más constante y tengo tiempo preguntándome si será real, si alguna vez lo fue y si es efímero porque así tiene que ser.

Aparecen y desaparecen, ser extraño es la constante y me apremia la vida, el momento y todo lo demás cuando ellos aparecen, pero la verdad es que aparecen porque es su entrada en la obra, el acto del que son parte y no sé quien será capaz de permanecer por la eternidad.

Siempre he pensado que la eternidad ya es parte de todos, cuando yo deje de existir de manera física, el pensamiento y de alguna forma todo, trascenderá; así que si los olvido, ellos también serán olvidados como parte de mí y esa amistad jamás existirá, existió o existe.

Me dijeron los mensajeros, de esos que se encuentran en los sueños que no hay época buena, que lo que dicen las películas y el eterno respirar del deseo es pura fantasía, que jamás será realidad y a mi me ha tocado ser parte del olvido y no de ese que sabe a mar.

Como me gustaría tener otra realidad, tal vez más vacía y sin tanto que llorar, sin el sentimiento de bailar, sin las ganas de cantar, sin quererme dejar, tal vez así no me querría cambiar. Te extraño amigo y ahora eres un extraño que fue mi amigo.

Y pienso…

Ahora, para qué los necesito.

La dimensión desconocida

Me entretengo entre líneas, entre las líneas de la carretera y las de la banqueta; nunca, y siempre lo he dicho, ha sido suficiente.

Malditos sean los lemas de vida que nos hacen querer más o en su defecto y afortunados sean, menos.

Por desgracia, nací con una sed de comerme al mundo más grande que la misma sed de beber agua en el Sahara, no mantengo la rutina y a la vez vivo de ella y sin ella no vivo, es un gusto que golpea y unas ganas que molestan… pero existen, que juegan conmigo y me estresan, me desesperan, pero me alimentan. (Ser y y ser así a veces desespera y otras tantas, un poco menos).

Si no tuviera ganas de comerme al mundo así, estaría todo el día y no sólo parte de él, jugando Pokemon Go. Estaría durmiendo y esperando que la titulación me llegara sola, que la preparación me encontrara a mitad del camino y tendría hambre, pero hambre de pizza, hambre de hamburguesa, hambre de pasteles de mi mamá.

Que triste y que turbio encontrarme después de meses (d)escribiéndome así. Sin embargo existo y sigo, sin embargo quiero y a veces ya no puedo pero me arrastro.

¡He vuelto!

No pretendo tener una constancia inalcanzable.
Fue lo que la última vez me destruyo, pero sí pretendo no desaparecer…
De nuevo.