Para qué los quiero

Tardes eternas, llenas de esperanza que se desvanece y se convierte en desesperanza, no tengo tiempo de sentarme a pensar, de hacerme sentir mal, el problema es que el sentirse mal ya es parte de lo normal.

De repente recordé que ellos existían y la verdad es que quién sabe dónde están, la pregunta es cada vez más constante y tengo tiempo preguntándome si será real, si alguna vez lo fue y si es efímero porque así tiene que ser.

Aparecen y desaparecen, ser extraño es la constante y me apremia la vida, el momento y todo lo demás cuando ellos aparecen, pero la verdad es que aparecen porque es su entrada en la obra, el acto del que son parte y no sé quien será capaz de permanecer por la eternidad.

Siempre he pensado que la eternidad ya es parte de todos, cuando yo deje de existir de manera física, el pensamiento y de alguna forma todo, trascenderá; así que si los olvido, ellos también serán olvidados como parte de mí y esa amistad jamás existirá, existió o existe.

Me dijeron los mensajeros, de esos que se encuentran en los sueños que no hay época buena, que lo que dicen las películas y el eterno respirar del deseo es pura fantasía, que jamás será realidad y a mi me ha tocado ser parte del olvido y no de ese que sabe a mar.

Como me gustaría tener otra realidad, tal vez más vacía y sin tanto que llorar, sin el sentimiento de bailar, sin las ganas de cantar, sin quererme dejar, tal vez así no me querría cambiar. Te extraño amigo y ahora eres un extraño que fue mi amigo.

Y pienso…

Ahora, para qué los necesito.

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