La dimensión desconocida

Me entretengo entre líneas, entre las líneas de la carretera y las de la banqueta; nunca, y siempre lo he dicho, ha sido suficiente.

Malditos sean los lemas de vida que nos hacen querer más o en su defecto y afortunados sean, menos.

Por desgracia, nací con una sed de comerme al mundo más grande que la misma sed de beber agua en el Sahara, no mantengo la rutina y a la vez vivo de ella y sin ella no vivo, es un gusto que golpea y unas ganas que molestan… pero existen, que juegan conmigo y me estresan, me desesperan, pero me alimentan. (Ser y y ser así a veces desespera y otras tantas, un poco menos).

Si no tuviera ganas de comerme al mundo así, estaría todo el día y no sólo parte de él, jugando Pokemon Go. Estaría durmiendo y esperando que la titulación me llegara sola, que la preparación me encontrara a mitad del camino y tendría hambre, pero hambre de pizza, hambre de hamburguesa, hambre de pasteles de mi mamá.

Que triste y que turbio encontrarme después de meses (d)escribiéndome así. Sin embargo existo y sigo, sin embargo quiero y a veces ya no puedo pero me arrastro.

¡He vuelto!

No pretendo tener una constancia inalcanzable.
Fue lo que la última vez me destruyo, pero sí pretendo no desaparecer…
De nuevo.