Capítulo 3

Regresamos al momento anterior, el que aún, como vagabundo, recorre la mente del despistado que sí puso atención.

Tiempo después de su recuperación decidió caminar en el parque, esta vez llovía sin control, pero a ella le gustaba ver el fenómeno y adentrarse en el, como si fuera parte de la lluvia, perderse y pensar, recordar y creer; pero esta vez no fue así, todo lo que tenía en la cabeza eran dos figuras extrañas, pero que podía recordar.

Quería que todo fuera como antes, cuando no sabía, cuando existía tranquilidad, pero no sabía que era tranquilidad hasta que vivió lo abrupto de una probada de realidad. Entendió que se había sumergido un tiempo en la monotonía, pero ahora lo extrañaba, la rutina y el olor de la mañana.

Entendía sus días desde que derramó el vino, todo se desprendía de ahí, como un circulo de mala “suerte”, donde todo podría suceder.

-No todo podía ser siempre hermoso, dijo.

La lluvia seguía, mojaba su rizado cabello, pero no le importaba; en ese momento sintió que alguien estaba tras ella, recordó la noche que todo inició y pensó en quién sería ese que había llamado su atención. Observaba la lluvia, trataba de perderse en ella, pero ya no pudo, ya no se dejó pensar.

Terminaron los días de la semana y quien sabe si también los del mes, el momento justo fue cuando eso sucedió. Una monja tocó la puerta, sabemos quién era, sabemos por qué estaba ahí, pero a veces uno no se acuerda y se le olvida.

Al abrir la puerta no esperaba esa terrible sorpresa, pero de la misma manera cerró y se fue, quiso huir, corrió fuera de casa, pero la siguió, le gritaba cosas que no podía entender, cosas que ni se acuerda, cosas que… de verdad, quién sabe qué fue.

La alcanzó, en cierto momento ahí estuvieron las dos y la monja, algo le explicó, ella sólo sabe que no era su voluntad, pero terminó haciendo lo que se le ordenó. Corría tras la monja, mientras ella se levantaba el habito y corría un poco más rápido por delante. Gritaba cosas, palabras que quién sabe qué fueron y ella tiene recuerdos un poco después de esto. Nada que se pueda decir de cómo el aire levantaba sus vestidos, de cómo se dibujaba en su cara la sonrisa que tenía meses sin mostrar, nada de lo mucho que disfrutó liberarse aunque fuera sólo porque sí y quién sabe por qué.

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