Capítulo 2

Te recomiendo leer el capítulo 1, pues el tiempo ha pasado, ya mucho ha cambiado y los aconteceres cotidianos nos vuelven un vacío el propio recuerdo. Por sugerencia, recorro el tiempo entre capítulos, te invito a conocer más de la historia que aún no tiene nombre. Historia mía, inédita, con más de 7 años bajo el entre cejo de la idea vaga y a veces concisa.

Una sala de pequeño hospital, una mirada a los sueños inútiles. La sala era pequeña, todo era escaso y lo único de lo que había suficiente, era de ella. Describir los sueños da una mejor vista panorámica a lo que sucede en el futuro, a lo que sucedió antes, que aún no está decidido contar.

Recordó a la sombra, a la cosa que se había asomado en su vida, a eso que tocó el timbre y a pesar de haber pensado que se trataba de niños pequeños jugando, la importancia crecía. En los sueños es más sencillo de lo que parece, transportarse a donde nos dé el tiempo y el lugar, podemos brillar en una noche bajo la jungla y ser oscuros en el atardecer junto a un manglar. Algo así, algo parecido fue su sueño, fue su día y fue el instante que la adormecía.

Pero del otro lado, en el que habitan sólo las ganas y no los poderes, mucho menos la magia, en un cuarto pequeño de hospital, irrumpiendo entre las cortinas como era costumbre, se acercaron su padre y hermanos. Parece de cuento, cuando esas presencias que son importantes tienen efecto sobre ese alguien a quien le importan. Ella lo sintió, quién sabe cómo y quién sabe por qué.

Inquieta en la mañana y despierta por la tarde, como siempre había sido su vida. Pidió ver a su madre…

Ese silencio de cementerio rodeó la sala, no era posible que no recordara lo que había sucedido. El accidente y la noche en la que todo se bañó de rojo y negro, de oscuridad y soledad. Era el mismo camino de siempre, la casa de sus tías, parecía tan normal y tan aburrido como siempre. Esa noche algo cambió, el intento de asalto que siempre iba a recordar, pero esta noche en el hospital, no era el lugar.

De repente y para poca suerte de todos, sin poderle ayudar a recordar el asalto y todo detalle, se escuchó un sonido horrible, como si el cielo se hubiera caído. Irrumpió en la sala, aquel hombre, llamándose a sí mismo, el prometido.

Lo único que sintió fue asco, no sabía quién era ni por qué se hacía llamar así, ella no debía… ella no quería… y sorpresa… no lo haría.

Le explicó vagamente que no le interesaba la vergüenza que su familia pasara, pues esa forma antigua de tratar a la gente ya no iba con ella, le dijo cuánto le molestaba el tono de su voz, el tamaño de sus pies, la sonrisa que nunca era natural, la especie de sentimiento vacío con el que trataba siempre a los demás, le molestaba todo de él, pero ella intentó guiarse por la poesía y explicarle que no todo sería siempre miel sobre hojuelas, que ella no entendía y el la hacía ver como una tonta, que esa no era la forma y que por último, lo último que quería era verlo de nuevo.

-“No sé quien soy, no sé quien eres, no conozco nada y ahora lo entiendo todo”

-“No sé qué pasa por tu cabeza en estos momentos, de últimas veces, no está hecho el mundo, pero quiero ser escuchado, cuando me veas, estaré feliz sin ti, gracias por los tratos que recibí de ti, los malos, los buenos y los tuyos” cerró, el ahora, ex prometido.

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