¿Será el acto final?

-Pero es que tú todo lo dejas, niña. A ninguna actividad te aferras, quieres todo y nada haces.

Así sonaba mi vida, así sonaban las pláticas que podían parecer regaños, pero no lo eran, así era como me guiaban hacia “la vida”, pero lo que no sabían, es que yo así vivía.

Años y años pasaron, más por todo lo que yo pasé, pasatiempos, algo para hacer, lo exigían en la escuela, es bueno un poco de placer.

-¡Míra! Dijo mi amiga.

-¡Mira! La seguí.

Juntas al principio, poco a poco yo me veía desaparecer, el pensamiento recurrente. ¿Qué? ¿Cuál pensamiento? ¿Qué? ¿Quién soy? Espera. No, no tan rápido, muy bien, lo tienes. ¿Qué? ¿En qué pensaba? 5, 6, 7, 8. No, así no. Siéntelo. Gira, muévete, dónde vamos.

Me consumió.

Me fui.

Me perdí.

Le sonreí.

Pasaron más de 4 años, pasaron historias, personas, desastres, tristezas, la vida seguía, yo la vivía, presentaciones les decían. Nervios desde la punta de mis pies hasta la punta de mi cabello.

Recuerdo el primer momento, no tenía ni idea, la principiante era entonces yo, cómo sería, me observaban, recordaba y no sabía qué seguía, nunca he sabido en realidad, lo seguía. Lo mío era la improvisación.

¡Malditos sueños frustrados! ¡Maldita salud! ¡Malditas rodillas!

En ese momento no sabía a que sabía. No sabía que me iba a encontrar fuera, que ya no iba a poder sentirme parte de vivir mi vida desde el escenario, sin sentir, sin pensarlo. Te extraño.

Cada movimiento, por menos pensado, era más sentido, en cada desliz del momento me encontraba sin quererlo, era el aire que jugaba con la falda, la gente que cruzaba miradas; no saben lo que duele y lo que se disfruta se muestra con sonrisas, dolía y yo sonreía.

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De repente descubres que tienes una cadera que vale la pena, unos pies que no responden y que son horribles, pero te sostienen, unas manos que simulan olas, que son duras pero que al oír la música se suavizan, se pueden mover como si nada pesara, que el cabello entre más grande, mejor.

Más años, más alegrías, más vergüenzas y más amigas.

Te deje, me dijeron, te deje, lo quise, te busqué, pero no pude.

No sé cómo hacerlo, no sé si es la edad, no sé qué pasa.

De ser lo más feliz, eres lo más triste, de ser lo mejor, soy la peor. Las rodillas siguen sin responder, las amigas… también. Tal vez, yo tuve la culpa, la ohana nunca se abandona. El recuerdo es borroso.

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